Vidas Extraordinarias

 

Clemen

Hay personas en nuestra vida que muchas veces ante nuestros ojos pasan desapercibidas, pero si ponemos un poco de atención y nos atrevemos a mirar profundo, son esas personas también las que dentro de su simpleza y semblante ordinario son a su vez grandes fuentes de aprendizaje y para mí incluso fuentes de inspiración.

Hoy quiero hablar de una mujer que en ocasiones me ilumina con su sonrisa y otras veces me parte el alma con su inocencia. Y quiero hablar de ella porque no quiero que su vida ante el mundo pase desapercibida, se que por lo menos no para mí.

Doña Clemen es una mujer muy grande y pequeña al mismo tiempo, digo pequeña porque apenas alcanza  1.50m de estatura y su complexión es en extremo delgada, y digo grande porque aunque no sé con exactitud su edad, pues cada que puede evade la pregunta con una radiante sonrisa, sé también que tiene nietos. Es difícil de adivinar pues su semblante indígena la hace lucir extremadamente joven para su edad, su cuerpo aunque delgado es fuerte, su cabello grueso, largo y negro radiante, y su sonrisa de niña la hacen una mujer muy especial.

Ella trabaja medio tiempo haciendo limpieza en casa de mi mamá, una mujer a la que tenemos absoluta confianza por el cariño que le tenemos y su extraordinario trabajo. Pero hace unos días sucedió algo que me conmocionó y es la razón principal por la que hoy escribo sobre ella.

Mi mamá y yo fuimos de emergencia a visitar al hospital a una persona muy cercana a nosotras que está todavía en la sala de Urgencias de un hospital privado debido a un terrible accidente. Ese día había quedado Doña Clemen de ir a la casa a recoger su pago de la semana, entonces le hablamos para avisarle y quedamos con ella en verle en el hospital en lugar de en la casa, mi madre le dijo que no se preocupara por el pago del taxi pues ella cubriría el gasto. Mientras Clemen iba de camino al hospital, nosotras esperábamos afuera de la sala de Urgencias y en ese momento llamaron a mi madre para que entrara de emergencia a ver al paciente, yo me quedé afuera con su teléfono y sus cosas aguardando en la sala cuando entró la llamada de Clemen. Ya había llegado al hospital y llamaba para que nos viéramos, le expliqué como llegar hasta donde estábamos pero era un poco difícil llegar y noté que estaba nerviosa, yo no podía salirme de la sala porque en cualquier momento me llamarían para entrar con el paciente. Entonces un amigo se ofreció a ir a buscarla para llevarla a la sala de espera, y en efecto fue por ella.

Entró al lugar con reserva, casi con la mirada clavada en piso y cuando nos saludamos su voz se escuchaba nerviosa, tremendamente incómoda. -¿Qué pasa?- le pregunté, y a esto me contestó – es que no sabía si me iban a dejar entrar –.  En ese momento sentí que algo me golpeaba como un martillo en el pecho, se me partió el alma.  

El hecho de que ella haya pensado y sentido eso no es sólo un aprendizaje generacional de auto marginación, sino que está sumado a experiencias cotidianas marginadoras que hacen que esta mujer,  al entrar en un lugar que considera fuera de su alcance económico sienta que no pertenece, de tal forma que otros tengan derecho a sacarla de ahí, o simplemente a negarle la entrada. Y no necesariamente otros, ella misma se sentía sumamente incómoda de estar ahí, como si no mereciera ni la mirada de los demás. Eso me partió el corazón. Cómo es posible que después de tantas generaciones y de todo lo que se supone que como seres humanos hemos aprendido, esto siga sucediendo.  Entonces le contesté que de ninguna manera le podían ni debían negar la entrada, pero lo que más me duele es, que en realidad no importa que yo vaya con mi bandera de defensa de los derechos de los indígenas o de las mujeres y le diga algo al respecto, simplemente porque la discriminación está grabada en su interior y experiencia del cual ya formó un esquema donde incluso aunque nadie le diga nada, ella se siente incómoda de entrar a un hospital privado.

Entonces hoy escribo sobre ella porque no quiero que un hecho así se pase por alto, porque es terriblemente injusto que cualquier persona se sienta así, aunque sea por un momento. Esto tiene que terminar, es una batalla que sucede dentro de uno mismo para erradicar la discriminación de nuestros corazones y posteriormente del mundo.

Porque cuando yo la veo hablar con sus ojitos alegres y ese tono de voz tan suave y alegre al mismo tiempo, incluso cuando se le corta la respiración de tanto platicar, me contagia instantáneamente de alegría. Ella es el tipo de persona que me hace pensar que luchar por la humanidad  y por un mundo mejor sí vale la pena.

About sashantiaa

"Un guerrero de la luz sabe que en el silencio de su corazón existe un orden que lo orienta" (Paulo Coelho)
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