La leyenda del juguito y el pastelito

Notas sobre lo que aceptamos en la vida…

Había una vez un grupo de mujeres de distintas edades, que contaban anécdotas acerca de sus parejas o exparejas.  El tema principal era el denominado “deal breaker” en las relaciones. Aquello que nos impide seguir con una pareja por más que todo lo demás se complemente. Tomando en cuenta que las relaciones humanas son una especie de negociación entre uno mismo y la pareja, lo que estamos dispuestos a aceptar de nosotros mismos y por consiguiente de los demás integrando los factores conscientes e inconscientes del credo, religión, sexo, status socioeconómico, educación, experiencias, etc.

Un deal breaker representa  la parte no negociable en una pareja. Por ejemplo el hecho de que uno de los integrantes desee fervientemente tener hijos y el otro no. Son situaciones que tarde o temprano comprometen y quiebran las relaciones precisamente porque tarde o temprano se presenta el ingrediente al que no se puede renunciar aunque ambos intenten pasarlo por alto.

Cada una de ellas trataba el tema de lo no negociable desde su propia perspectiva y experiencia, mientras una platicaba una divertida forma de darle la vuelta a las situaciones de celos que le molestaban de su pareja, cosas que sentía ridículas como lo cansado que era tener el brazo empotrado a la mesa por los movimientos sigilosos e inconscientes que hacía su pareja para mantenerla cerca y en control, y que al hacerlo ella al revés, aquel le reclamaba que le dolía el brazo y se daba cuenta de lo ridículo que era tenerla a ella en esa posición.  Mientras otras decían que de principio descartaban a personas celosas, pues por su carácter no podrían renunciar a ciertas cosas a las que una persona insegura te invita a renunciar, etc.

Intercambiaron opiniones, experiencias y rieron un rato hasta que una de ellas dijo, bastante molesta, que no era posible descartar a las personas así de rápido, que la vida era mucho más complicada que eso, y que a veces había que renunciar al hecho de arreglar algunas cosas en la relación, también dijo que había cosas en las relaciones que ella consideraba imposibles de arreglar y que por más comunicación que hubiera en la pareja dichas cosas no tenían remedio.

Todas voltearon a verla, sorprendidas del coraje con el que decía dichas aseveraciones, pero sobre todo con la pregunta en la cabeza, ¿qué estará sucediendo en su vida que está tan enojada con el amor?.

– Por ejemplo, dijo ella, yo sé que todos los días habrá un pleito con mi marido por lo mal que quedan sus camisas al planchar, no importa si las plancho yo, o la muchacha o la vecina… todos los días se arma la campal, gritos y manoteos por sus malditas camisas, pero yo sé que después de un rato se le pasa y todo se arregla-  Y en ese momento una sabia voz a la que continuamente me gusta citar, interrumpió la conversación y dijo – que lástima que te guste vivir en la mierda- . En ese momento se hizo silencio en la sala y todas nos limitamos a escuchar lo que dijo a continuación.

– Te lo voy a poner así- dijo – es como si alguien llegara a tu vida y te dijera, “todos los días voy a darte un juguito, y cada vez que te lo tomes, inmediatamente te provocará vómito, y todos los días te lo vas a tomar, después de un rato que se te haya pasado lo desagradable el vómito, te ofreceré un pastelito, y esta rutina se repetirá todos los días por el resto de tu vida”. La cuestión aquí es que aunque tu decidas tomarte el juguito todos los días, hay un momento en que tu cuerpo no puede seguir vomitando porque ya estás desgarrada por dentro, aunque al final te den tu pastelito, el cuerpo y el alma tienen un límite para ese maltrato. La pregunta aquí es… porque te quieres tomar ese juguito todos los días, aunque alguien te lo ofrezca, eres tú la que decide tomárselo cuando hay otras personas que nadamás te ofrecen el pastelito.

Mientras queramos seguir tomando el juguito, como una especie de adicción, o tal vez porque es lo único que conocemos, o porque nos da miedo quedarnos sin nada y decimos aunque sea… el juguito “algo es algo”. Hay mucho trabajo que hacer.  El primer paso para encaminarse a una vida mejor es darse cuenta, el maltrato no lo ejerce nadie más que nosotros mismos cuando nos sometemos y resignamos a situaciones que nos lastiman.

Cuida tu corazón. Había una vez...

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"Un guerrero de la luz sabe que en el silencio de su corazón existe un orden que lo orienta" (Paulo Coelho)
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2 Responses to La leyenda del juguito y el pastelito

  1. Jana Kudelova says:

    Liebe Julia,

    danke, dass ich Dich kenne, weil Du mich daran erinnerst, was im Leben wirklich wichtig ist.

    TQMMM,
    Jana

  2. Iris says:

    Gracias por explicar tan claramente lo que a veces se mezcla en nuestra cabeza que no queremos y por eso mismo mas estamos de necios.
    Un beso!

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